miércoles, 21 de noviembre de 2007

Asesinos en serie: La familia de Sawney Beane


Sawney Beane nació en una familia granjera a las afueras de Edimburgo, cerca de la costa oeste de Escocia, en algún momento a finales del XVI. Acompañado de su mujer, abandona el hogar siendo muy joven, e inician un viaje hacia el lado opuesto del país. En mitad de la travesía deciden ocultarse en una profunda caverna. La entrada era una pequeña grieta a través de la cual se extendía una cueva de alrededor de una milla.
Esta caverna le sirvió como hogar a los Beane durante los próximos veinticinco años.
Al principio subsistían de las pertenencias que habían robado a los distintos viajantes que fueron asaltados y asesinados. Pero pronto sus necesidades iban a ser más exigentes. El incesto era una práctica habitual en la caverna, de tal forma que se mantenían relaciones entre hermanos, padres, madres e hijos... La necesidad de comida iba en aumento, pues la familia seguía creciendo. La solución a sus problemas, la seguían encontrando en los viajantes que asaltaban, pero ésta vez transportaban el cadáver a la caverna, donde era devorado. Se aficionaron a la carne humana.
Durante 25 años estuvieron desapareciendo viajeros en las extensiones rocosas de Galloway; lo único que se encontraba de los desaparecidos eran restos, partes de los cuerpos halladas ocasionalmente en la costa, despojos que no solían consumir y arrojaban al mar. Estos restos humanos suscitaban las más diferentes teorías. Una de ellas era que los viajantes podrían estar siendo atacados por una manada de lobos; sin embargo, ésta hipótesis no se sostuvo durante mucho tiempo pues no sólo desaparecían individuos que viajaban solos, sino que también se echaron en falta a grupos, en ocasiones atacaban a grupos de cuatro, cinco e incluso seis personas si iban a pie, eso si, nunca a mas de dos si iban a caballo. Eran muy cuidadosos asegurandose las posibles vías de escape y nunca dejaban a nadie con vida.
Otra explicación, era más descabellada: podría ser que los terrenos rocosos estuvieran habitados por hombres lobo o demonios.
Con el tiempo surgió otra hipotesis, alguno de los dueños de las posadas los debía ejecutar por las noches mientras dormían y enterrarlos en algun lugar aislado para no ser descubiertos. Esto ocasionó muchos juicios a inocentes que según la tradición de la época eran torturados hasta que se les arrancaba una confesión de culpabilidad y posteriormente eran ejecutados. Gran cantidad de posaderos inocentes fueron asesinados por este motivo y muchos otros abandonaron su trabajo por miedo a ser los siguientes. Esto ocasionó que la zona aún se volviese más desierta y el transito de mercaderes y viajeros descendiera.

¿Como se descubrió a la Familia Canibal?

Una tarde, un grupo de 30 personas regresaban a casa tras haber pasado el día fuera cuando escucharon unos gritos delante de ellos. Al llegar a el lugar del tumulto se encontraron con un hombre que se defendía pistola en mano contra una banda de atacantes de aspecto salvaje. Cerca de él yacía su mujer en el suelo, destripada, mientras algunos de los atacantes le arrancaban pedazos de carne y se la comían cruda. Las mujeres del clan la habían cortado el cuello y bebían su sangre. El hombre temeroso de caer su misma suerte se defendía desesperadamente con su pistola así como con su espada contra una "jauría" de entre 25 y 30 hombres del clan. Los viajeros, atónitos, no podían creer lo que veían. Al ser descubiertos, el clan de los Beane huyó hacia las colinas. Ya existían pruebas sobre las misteriosas desapariciones.
La persona que aportó el testimonio sobre lo ocurrido fue el marido superviviente del ataque. La historia llegó a oídos del rey James I de Inglaterra, el cual decidió tomar serias medidas: envió a 400 soldados acompañados de perros de caza a la zona; los perros hallaron rápidamente la entrada de la caverna, el fuerte olor a carne les facilitó la búsqueda.Los soldados penetraron en la cueva siguiendo el pasadizo en forma de zig-zag hasta llegar al hogar de los Beany. Allí encontraron a 48 personas: Beane y su mujer, sus 8 hijos, 6 hijas, 18 nietos y 14 nietas, fruto de los continuos incestos entre todos ellos. El lugar estaba lleno de brazos, piernas y demás miembros, amontonados unos sobre otros. Algunos trozos de carne habían sido salados, con intención de conservarlos para los siguientes meses.
Tras ser descubiertos, el rey los calificó como bestias salvajes no merecedoras de juicio alguno. Tanto Sawney como los 26 hombres del clan fueron torturados y desmembrados en público. Todo el proceso fue contemplado por las mujeres, a quienes les esperaba la hoguera.


Fuente: http://www.asesinos-en-serie.com/La_Familia_de_Sawney_Beane/La_Familia_de_Sawney_Beane.php

In The Nightside Eclipse (Emperor) Letras traducidas





Into The Infinity Of Thought
(en la infinidad de los pensamientos)

Mientras la oscuridad se desliza por las montañas nórdicas de Noruega y el silencio alcanza los bosques, me despierto y me alzo. Vago en la noche, como en muchas noches anteriores, y como en mis sueños, pero de siglos atrás. Bajo la Luna, bajo los árboles. En la Infinidad de la Oscuridad, más allá de la luz de un nuevo día, en el frío de la naturaleza congelada, más allá del calor del moribundo sol. Escucho el susurro del viento, las Sombras llamando. Yo contemplo la Luna que me concede visiones estas doce noches de Luna llena al año, y por que cada noche la luz de los santos discípulos se desvanezca. Más y más débiles, uno a uno. Yo contemplo la Luna la cual hace a mi mente pura como lagos de cristal, mis ojos fríos como las más oscuras noches de invierno, y aun así hay una llama dentro. Me guía a las oscuras sombras más allá de este mundo, en la infinidad de los pensamientos, pensamientos de una realidad inminente. En el nombre del Emperador Todopoderoso cabalgaré las Tierras orgulloso, llevando en la mano la Espada Negra, en guerra. Aplastaré con mi odio a los amados. La desesperación será traída hasta los esperanzadores niños de la felicidad. Dondequiera que haya alegría las hordas del eclipse contaminarán con tristeza y odio bajo un reinado de temor. Las tierras crecerán negras. No hay salida del sol ni vendrá en las tierras de devastación de los espectros perdidos. Que estos momentos bajo la Luna sean eternos. Que la infinidad me visite en Oscuridad.

The Burning Shadows Of Silence
(las ardientes sombras del silencio)

Anochece más y más oscuro mientras camino por el bosque, dentro de sombras silenciosas. Mientras el cielo va de oscuro a negro, susurros fríos como el hielo queman mi piel. Desde algún sitio hacia lo más profundo de mi alma ellos me hablan, agravios de tristeza, como el regalo del dolor. Una Luna, una Luna llena roja como sangre ilumina la noche de mi negro corazón. Los rayos chocan en el cielo y los truenos ruedan, a través de la noche se eleva un caos de tormentas. Llamas ardientes alcanzan mis ojos. Purgatorio. En las oscurísimas sombras escucho los coros de maldad, una alegría en blasfemia más allá de mis fantasías más oscuras. La Puerta está abierta. Me arrastro en las sombras silenciosas, hasta el heladísimo trono, atmósfera de melancolía. Arderé por siempre en las sombras silenciosas.
Cosmic Keys To My Creations And Times
(llaves cósmicas para mis creaciones y tiempos)

Los cielos estuvieron alumbrados por las estrellas donde los años de los secretos de las fuerzas universales yacían escondidos. Ellas brillan tan claro, pero han visto aun más maldad que el tiempo mismo. Reflejadas en lagos sin profundidad, inundan en negros elementos. Ellas son las llaves para que el emperador obtenga sabiduría y poder ilimitados. Han sido los dioses para los lobos, quienes hacia ellas ladran en la noche, pidiendo su próxima víctima por sed de sangre. Yo disfruto esos momentos que puedo rondar con esas bestias de la noche. ¿Qué tipo de especies existen en el fondo de mis lagos? Seguramente deben ser de una especie malvada, Ya que ninguna especie amistosa puede vivir en aguas tan depresivas. Aquí hay también un planeta similar a la Luna, pero su aspecto es sólo uno y es en su mayor poderío de todo y por siempre. No pasa una luz por ahí sin el aullido de los lobos. Todos estos paisajes son sin fin, y todo esto es solo una parte del cosmos, pero todo es mío y el pasado y el futuro está aun por descubrirse. Mucho ha sido descubierto, pero mañana me daré cuenta que he existido antes de mí. Yo renaceré antes de morir. Comprenderé planetas de eras atrás, creados por un régimen con una corona de garras de dragón, llegados por una puerta estelar.

Beyond The Great Vast Forest
(más allá del vasto gran bosque)

Más allá del vasto gran bosque, rodeado por montañas majestuosas, ríos oscuros flotan como lágrimas de dolor. El hielo sumerge el anillo santo del fuego. Ellos deberán alzarse nuevamente, por que son de Él. El Señor Oscuro de la eternidad. Estos son los Demonios de la Oscuridad. No pudieron ser puestos a descansar por siempre. Resurrección. Ellos han de rondar nuevamente, las criaturas de la noche. Fantasmas de la noche. La Sangre es vida. El arte de la muerte es infernal, igual que su eterna vida. Mira al castillo tan orgulloso, pero aun tan gris y frío. El hielo se sumerge. La Luna está en lo más alto. Escucha el aullido nocturno de los lobos, los niños de la noche. Ellos han de alzarse nuevamente, resucitados a través de nuestra asamblea de lo ancestral y malévolo. En el nombre del Emperador Todopoderoso ellos han de alzarse y errar por siempre por las tierras más allá del vasto gran bosque.

Towards The Pantheon
(hacia el panteón)

Que los lobos comiencen a ladrar nuevamente. Que se alce la era de la oscuridad. Nosotros viajaremos por las eternidades en lo desconocido para encontrar lo que buscamos. Pelearemos los caminos a través de las barreras de la luz, a través de las tierras de devastación donde nada sino pesar ha llegado a ser la memoria eterna. Escudo de vida, espada de muerte se mantuvieron en alto en el cielo Guiados por la Luna brillante en el estrellado cielo. En el horizonte más allá de las negras nubes de destrucción rabea como danzantes sombras de dolor. Nosotros le concederemos Su dolor, Él nos concederá su llama. En carne y sangre. Él se alzará para entregar la llave. Mientras las armaduras de negras túnicas corren por los paisajes, nosotros vemos la tierra de la sabiduría, fuerza y maldad pura. Oscuridad, odio congelado, el trono será nuestro. Que nuevamente toquemos las negras llamas del pasado y para siempre

The Majesty Of The Night Sky
(la majestuosidad del cielo nocturno)

Como la marea, las sombras fluyen hacia la costa de la luz. La noche viene rodando como una tormenta. Guerreantes olas de nubes crepitantes abrazan este paisaje nocturno. Los cielos sangran por heridas abiertas, la opaca luz de la Luna. Los vientos lloran fúnebremente y las lágrimas vuelan con las ráfagas. Ellas azotan mi apretada cara de piel helada con ardientes cortes de frío congelado. Mucho tiempo he sufrido las arenas desiertas del tiempo. Pero mientras me ahogo en la oscuridad liberará la señal. Mi alma dejará este rollo de carne humana y la vida terrenal, Para volar en la niebla de la noche, en el eclipse nocturno, y experimentar la vida en el otro lado. Como una roca de ardiente entusiasmo refracto la superficie reflejada de este insondable mar. Por la tierra corren círculos crecientes de pesar y dolor como una profecía de horror por venir. La fuerza de mil demonios lanzafuego crece en mi alma infernal, arruinada. y mientras una vez más alcanzo la superficie esos poderes están bajo mi control. Ahora soy uno con la majestuosidad del cielo nocturno.

I Am The Black Wizards
(yo soy los hechiceros negros)

Soy el más poderoso, pero no estoy solo en éste, mi cosmos. Ya que las negras colinas consisten en almas negras, almas que ya han muerto mil muertes. Detrás de las paredes de piedra de siglos ellos han engendrado su negro arte. Cocinando sus hechizos en recipientes de oro negro. Lejos, allá arriba en las montañas, donde la lluvia no cae tan lejos, aún el sol no puede llegar. Los hechiceros, mis sirvientes, invocan las almas del macrocosmos. Ninguna era escapará a mi furia. He viajado por el tiempo y he regresado al futuro. He acumulado sabidurías ya perdidas. Visito nuevamente las cuevas eternamente ancestrales, antes de que un poderoso Emperador desde luego llegue. Mirando a los mortales descubrir mis crónicas, guardadas por los viejos demonios, incluso desconocidos por mi.Una vez destruidas sus almas son invocados a mi prisión de odio sin fin. Es delicioso tener un festín de las almas que gritan que fueron destruidas en mi futuro. Cuantos hechiceros que me sirven con maldad. No lo sé. Mis imperios no tienen límites. Desde lo negro de las montañas sin fin, hasta los lagos sin fondo. Yo soy el regidor y así ha sido desde la eternidad. Mis hechiceros son muchos, pero su esencia es mía. Por que yo soy el espíritu de su existencia. Yo soy ellos.

Inno A Satana
(Inno A Satana)

Nuestro Señor de la Noche, Maestro de las Bestias. Portador del espanto y la burla.Tú cuyo espíritu yace en cada acto de opresión, odio y contienda. Tú cuya presencia habita en cada sombra. Tú que fortaleces el poder de cada muerte. Tú que conduces cada plaga y tormenta. Harkee. Tú eres el Emperador de la Oscuridad. Tú eres el rey de los lobos aulladores. Tú tienes el poder de forzar a la mengua a cualquier luz. Sin piedad. Sin compasión tampoco responderá a cualquiera que pregunte el por qué. Su sendero es caprichoso pero igual muy grande. Con ninguna cosa que pueda ser un impedimento muy fuerte. A cada momento me consagras otro secreto de Thine. Yo doy otro paso hacia Su Panteón. Por siempre sangraré por Ti. Por siempre glorificaré Su nombre temido. Por siempre Te serviré. Tú que has de prevalecer por siempre.

A Lost Forgotten Sad Spirit




Un espíritu triste, perdido y olvidado

El fuego en el cielo se ha extinguido
Las azules aguas ya no lloran
El baile de los árboles se ha detenido
El chorro de frescura del viento gélido
Ya no existe
La lluvia ha dejado de caer
Desde el cielo
Aun hay una gotera
Desde las venas del cadáver cercano de un niño
Alguna vez odiado
Alguna vez frío
Ahora
Solo hay
Un tumba de piedra oscura
Con un altar
Un altar que sirve como una cama
Una cama de sueño eterno
Los sueños del humano durmiendo
Son sueños de relajouna puerta de salida del infierno
Dentro del vacio de la muerte
Aún impasible
El sueño humano
Y un día
La tumba será desbloqueada
Y el alma
Debe regresar a su mundo
Pero esta vez como
Un espíritu triste, perdido y olvidado
Condenado
A penar
Eternamente.


Varg Vikernes - Burzum

Bosque oscuro


Me perdí en un bosque oscuro.
Teniendo voluntad para volverme nulo.
Empecé por explorar y me halle a mí mismo.
Sentí como siempre que no tenia un camino fijo.

Que soy un dialogo silencioso, prolongado y quieto.
La gente piensa que soy frió y seco.
Talvez no entienden lo que reflexiono y siento.
Que cuando cierro los ojos me vuelvo eterno.

¿Como explicarles que mi espíritu esta en todo y también en ellos?
Por eso para mi no existen las barreras.
Al estar en todos lados no veo las diferencias.
Soy un ser contrario a este mundo extraño y moderno.

Que de extraño tiene todo y de moderno poco.
Por eso camino por este bosque frió.
¿Será que para estar completo deba vivir en el exilio?
Soy esa pieza que nunca encaja.

Y como no encaja mejor se marcha.
Me voy de ti y de todos.
!!!Por que sé dentro de mí que algo debo buscar!!!
Sin embargo entiende, la distancia es una ilusión.

Te quedas conmigo en lo profundo del corazón.
En un roble alto y mágico que utilizare de casa.
Podré soñar despierto de ves en cuando.
Placer que la gente cuerda no entiende jamás.

A pesar de todo prometo que te visitare.
Tal vez en sueños o como una estrella fugaz.
Por que aquí la magia abunda y de todo soy capaz.
Seré un conjuro mágico para siempre jamás.

Por eso he decidido quedarme en mi bosque oscuro.

La máscara de la muerte roja


La "Muerte Roja" había devastado el país durante largo tiempo. Jamás una peste había sido tan fatal y tan espantosa. La sangre era encarnación y su sello: el rojo y el horror de la sangre. Comenzaba con agudos dolores, un vértigo repentino, y luego los poros sangraban y sobrevenía la muerte. Las manchas escarlata en el cuerpo y la cara de la víctima eran el bando de la peste, que la aislaba de toda ayuda y de toda simpatía, y la invasión, progreso y fin de la enfermedad se cumplían en media hora.
Pero el príncipe Próspero era feliz, intrépido y sagaz. Cuando sus dominios quedaron semidespoblados llamó a su lado a mil caballeros y damas de su corte, y se retiró con ellos al seguro encierro de una de sus abadías fortificadas. Era ésta de amplia y magnífica construcción y había sido creada por el excéntrico aunque majestuoso gusto del príncipe. Una sólida y altísima muralla la circundaba. Las puertas de la muralla eran de hierro. Una vez adentro, los cortesanos trajeron fraguas y pesados martillos y soldaron los cerrojos. Habían resuelto no dejar ninguna vía de ingreso o de salida a los súbitos impulsos de la desesperación o del frenesí. La abadía estaba ampliamente aprovisionada. Con precauciones semejantes, los cortesanos podían desafiar el contagio. Que el mundo exterior se las arreglara por su cuenta; entretanto era una locura afligirse. El príncipe había reunido todo lo necesario para los placeres. Había bufones, improvisadores, bailarines y músicos; había hermosura y vino. Todo eso y la seguridad estaban del lado de adentro. Afuera estaba la Muerte Roja.
Al cumplirse el quinto o sexto mes de su reclusión, y cuando la peste hacía los más terribles estragos, el príncipe Próspero ofreció a sus mil amigos un baile de máscaras de la más insólita magnificencia.
Aquella mascarada era un cuadro voluptuoso, pero permitan que antes les describa los salones donde se celebraba. Eran siete -una serie imperial de estancias-. En la mayoría de los palacios, la sucesión de salones forma una larga galería en línea recta, pues las dobles puertas se abren hasta adosarse a las paredes, permitiendo que la vista alcance la totalidad de la galería. Pero aquí se trataba de algo muy distinto, como cabía esperar del amor del príncipe por lo extraño. Las estancias se hallaban dispuestas con tal irregularidad que la visión no podía abarcar más de una a la vez. Cada veinte o treinta metros había un brusco recodo, y en cada uno nacía un nuevo efecto. A derecha e izquierda, en mitad de la pared, una alta y estrecha ventana gótica daba a un corredor cerrado que seguía el contorno de la serie de salones. Las ventanas tenían vitrales cuya coloración variaba con el tono dominante de la decoración del aposento. Si, por ejemplo, la cámara de la extremidad oriental tenía tapicerías azules, vívidamente azules eran sus ventanas. La segunda estancia ostentaba tapicerías y ornamentos purpúreos, y aquí los vitrales eran púrpura. La tercera era enteramente verde, y lo mismo los cristales. La cuarta había sido decorada e iluminada con tono naranja; la quinta, con blanco; la sexta, con violeta. El séptimo aposento aparecía completamente cubierto de colgaduras de terciopelo negro, que abarcaban el techo y la paredes, cayendo en pliegues sobre una alfombra del mismo material y tonalidad. Pero en esta cámara el color de las ventanas no correspondía a la decoración. Los cristales eran escarlata, tenían un color de sangre.
A pesar de la profusión de ornamentos de oro que aparecían aquí y allá o colgaban de los techos, en aquellas siete estancias no había lámparas ni candelabros. Las cámaras no estaban iluminadas con bujías o arañas. Pero en los corredores paralelos a la galería, y opuestos a cada ventana, se alzaban pesados trípodes que sostenían un ígneo brasero cuyos rayos se proyectaban a través de los cristales teñidos e iluminaban brillantemente cada estancia. Producían en esa forma multitud de resplandores tan vivos como fantásticos. Pero en la cámara del poniente, la cámara negra, el fuego que a través de los cristales de color de sangre se derramaba sobre las sombrías colgaduras, producía un efecto terriblemente siniestro, y daba una coloración tan extraña a los rostros de quienes penetraban en ella, que pocos eran lo bastante audaces para poner allí los pies. En este aposento, contra la pared del poniente, se apoyaba un gigantesco reloj de ébano. Su péndulo se balanceaba con un resonar sordo, pesado, monótono; y cuando el minutero había completado su circuito y la hora iba a sonar, de las entrañas de bronce del mecanismo nacía un tañido claro y resonante, lleno de música; mas su tono y su énfasis eran tales que, a cada hora, los músicos de la orquesta se veían obligados a interrumpir momentáneamente su ejecución para escuchar el sonido, y las parejas danzantes cesaban por fuerza sus evoluciones; durante un momento, en aquella alegre sociedad reinaba el desconcierto; y, mientras aún resonaban los tañidos del reloj, era posible observar que los más atolondrados palidecían y los de más edad y reflexión se pasaban la mano por la frente, como si se entregaran a una confusa meditación o a un ensueño. Pero apenas los ecos cesaban del todo, livianas risas nacían en la asamblea; los músicos se miraban entre sí, como sonriendo de su insensata nerviosidad, mientras se prometían en voz baja que el siguiente tañido del reloj no provocaría en ellos una emoción semejante. Mas, al cabo de sesenta y tres mil seiscientos segundos del Tiempo que huye, el reloj daba otra vez la hora, y otra vez nacían el desconcierto, el temblor y la meditación.
Pese a ello, la fiesta era alegre y magnífica. El príncipe tenía gustos singulares. Sus ojos se mostraban especialmente sensibles a los colores y sus efectos. Desdeñaba los caprichos de la mera moda. Sus planes eran audaces y ardientes, sus concepciones brillaban con bárbaro esplendor. Algunos podrían haber creído que estaba loco. Sus cortesanos sentían que no era así. Era necesario oírlo, verlo y tocarlo para tener la seguridad de que no lo estaba. El príncipe se había ocupado personalmente de gran parte de la decoración de las siete salas destinadas a la gran fiesta, su gusto había guiado la elección de los disfraces.
Grotescos eran éstos, a no dudarlo. Reinaba en ellos el brillo, el esplendor, lo picante y lo fantasmagórico. Veíanse figuras de arabesco, con siluetas y atuendos incongruentes, veíanse fantasías delirantes, como las que aman los locos. En verdad, en aquellas siete cámaras se movía, de un lado a otro, una multitud de sueños. Y aquellos sueños se contorsionaban en todas partes, cambiando de color al pasar por los aposentos, y haciendo que la extraña música de la orquesta pareciera el eco de sus pasos.
Mas otra vez tañe el reloj que se alza en el aposento de terciopelo. Por un momento todo queda inmóvil; todo es silencio, salvo la voz del reloj. Los sueños están helados, rígidos en sus posturas. Pero los ecos del tañido se pierden -apenas han durado un instante- y una risa ligera, a medias sofocada, flota tras ellos en su fuga. Otra vez crece la música, viven los sueños, contorsionándose al pasar por las ventanas, por las cuales irrumpen los rayos de los trípodes. Mas en la cámara que da al oeste ninguna máscara se aventura, pues la noche avanza y una luz más roja se filtra por los cristales de color de sangre; aterradora es la tiniebla de las colgaduras negras; y, para aquél cuyo pie se pose en la sombría alfombra, brota del reloj de ébano un ahogado resonar mucho más solemne que los que alcanzan a oír las máscaras entregadas a la lejana alegría de las otras estancias.
Congregábase densa multitud en estas últimas, donde afiebradamente latía el corazón de la vida. Continuaba la fiesta en su torbellino hasta el momento en que comenzaron a oírse los tañidos del reloj anunciando la medianoche. Calló entonces la música, como ya he dicho, y las evoluciones de los que bailaban se interrumpieron; y como antes, se produjo en todo una cesacion angustiosa. Mas esta vez el reloj debía tañer doce campanadas, y quizá por eso ocurrió que los pensamientos invadieron en mayor número las meditaciones de aquellos que reflexionaban entre la multitud entregada a la fiesta. Y quizá también por eso ocurrió que, antes de que los últimos ecos del carrillón se hubieran hundido en el silencio, muchos de los concurrentes tuvieron tiempo para advertir la presencia de una figura enmascarada que hasta entonces no había llamado la atención de nadie. Y, habiendo corrido en un susurro la noticia de aquella nueva presencia, alzóse al final un rumor que expresaba desaprobación, sorpresa y, finalmente, espanto, horror y repugnancia. En una asamblea de fantasmas como la que acabo de describir es de imaginar que una aparición ordinaria no hubiera provocado semejante conmoción. El desenfreno de aquella mascarada no tenía límites, pero la figura en cuestión lo ultrapasaba e iba incluso más allá de lo que el liberal criterio del príncipe toleraba. En el corazón de los más temerarios hay cuerdas que no pueden tocarse sin emoción. Aún el más relajado de los seres, para quien la vida y la muerte son igualmente un juego, sabe que hay cosas con las cuales no se puede jugar. Los concurrentes parecían sentir en lo más hondo que el traje y la apariencia del desconocido no revelaban ni ingenio ni decoro. Su figura, alta y flaca, estaba envuelta de la cabeza a los pies en una mortaja. La máscara que ocultaba el rostro se parecía de tal manera al semblante de un cadáver ya rígido, que el escrutinio más detallado se habría visto en dificultades para descubrir el engaño. Cierto, aquella frenética concurrencia podía tolerar, si no aprobar, semejante disfraz. Pero el enmascarado se había atrevido a asumir las apariencias de la Muerte Roja. Su mortaja estaba salpicada de sangre, y su amplia frente, así como el rostro, aparecían manchados por el horror escarlata.
Cuando los ojos del príncipe Próspero cayeron sobre la espectral imagen (que ahora, con un movimiento lento y solemne como para dar relieve a su papel, se paseaba entre los bailarines), convulsionóse en el primer momento con un estremecimiento de terror o de disgusto; pero inmediatamente su frente enrojeció de rabia.
-¿Quién se atreve -preguntó, con voz ronca, a los cortesanos que lo rodeaban-, quién se atreve a insultarnos con esta burla blasfematoria? ¡Apodérense de él y desenmascárenlo, para que sepamos a quién vamos a ahorcar al alba en las almenas!
Al pronunciar estas palabras, el príncipe Próspero se hallaba en el aposento del este, el aposento azul. Sus acentos resonaron alta y claramente en las siete estancias, pues el príncipe era hombre temerario y robusto, y la música acababa de cesar a una señal de su mano.
Con un grupo de pálidos cortesanos a su lado hallábase el príncipe en el aposento azul. Apenas hubo hablado, los presentes hicieron un movimiento en dirección al intruso, quien, en ese instante, se hallaba a su alcance y se acercaba al príncipe con paso sereno y cuidadoso. Mas la indecible aprensión que la insana apariencia de enmascarado había producido en los cortesanos impidió que nadie alzara la mano para detenerlo; y así, sin impedimentos, pasó éste a un metro del príncipe, y, mientras la vasta concurrencia retrocedía en un solo impulso hasta pegarse a las paredes, siguió andando ininterrumpidamente pero con el mismo y solemne paso que desde el principio lo había distinguido. Y de la cámara azul pasó la púrpura, de la púrpura a la verde, de la verde a la anaranjada, desde ésta a la blanca y de allí, a la violeta antes de que nadie se hubiera decidido a detenerlo. Mas entonces el príncipe Próspero, enloquecido por la ira y la vergüenza de su momentánea cobardía, se lanzó a la carrera a través de los seis aposentos, sin que nadie lo siguiera por el mortal terror que a todos paralizaba. Puñal en mano, acercóse impetuosamente hasta llegar a tres o cuatro pasos de la figura, que seguía alejándose, cuando ésta, al alcanzar el extremo del aposento de terciopelo, se volvió de golpe y enfrentó a su perseguidor. Oyóse un agudo grito, mientras el puñal caía resplandeciente sobre la negra alfombra, y el príncipe Próspero se desplomaba muerto. Poseídos por el terrible coraje de la desesperación, numerosas máscaras se lanzaron al aposento negro; pero, al apoderarse del desconocido, cuya alta figura permanecía erecta e inmóvil a la sombra del reloj de ébano, retrocedieron con inexpresable horror al descubrir que el sudario y la máscara cadavérica que con tanta rudeza habían aferrado no contenían ninguna figura tangible.
Y entonces reconocieron la presencia de la Muerte Roja. Había venido como un ladrón en la noche. Y uno por uno cayeron los convidados en las salas de orgía manchadas de sangre y cada uno murió en la desesperada actitud de su caida. Y la vida del reloj de ébano se apagó con la del último de aquellos alegres seres. Y las llamas de los trípodes expiraron. Y las tinieblas, y la corrupción, y la Muerte Roja lo dominaron todo.
Más informacion de Edgar Allan Poe aquí.

Historia de los Elfos Oscuros


Elfos Oscuros: Hace muchos miles de años, en el reino Élfico estalló una guerra civil. Los renegados que habían dado la espalda a los antiguos dioses Élficos y habían abrazado la práctica de la Magia Oscura, los Elfos Oscuros, como más tarde fueron bautizados, fueron finalmente expulsados de la isla de Ulthuan. Obligados a un amargo exilio, los Elfos Oscuros han establecido su reino en el desolado territorio conocido como Naggaroth, la Tierra del Frío. Con el paso de los siglos, los Elfos Oscuros se han depravado aún más, hasta convertirse en algo completamente opuesto a sus parientes los Altos Elfos. Físicamente son muy parecidos los otros Elfos, altos y ágiles, aunque las duras condiciones de vida en la Tierra del Frío han hecho que empalidezcan un poco.Las bandas de incursores Elfos Oscuros pueden encontrarse en cualquier costa del mundo de la noche fria, extendiendo el terror en su continua búsqueda de cautivos. Aunque la raza Élfica no es muy prolífica en términos de población, cada ciudadano Elfo Oscuro está entrenado para utilizar la espada, la lanza o su arma más característica, la ballesta de Repetición. Sus poderosas ciudadelas flotantes, las Arcas Negras, pueden aparacer en cualquier costa en cualquier momento, y lanzar sangrientos ataques donde menos se les espera. Las características principales de un ejército Elfo Oscuro son la astucia y el engaño, como se refleja en el tipo de tropas que se reúnen bajo los estandartes de batalla de una hueste de Elfos Oscuros.

Recuerda, los Elfos Oscuros no tienen piedad, tienes que salir! ellos castigan a unos cuantos oponentes.


Dralnuh

Historia del Necronomicon


Por Howard Phillips Lovecraft

Incluída en una carta enviada a Clark Ashton Smith en 1927
Traducción de Eduardo Giordanino Texto original: History of the Necronomicon

El título original es Al Azif. Azif es la palabra utilizada por los árabes para designar los sonidos nocturnos (producidos por los insectos), que se supone son aullidos de los demonios.
Fue escrito por Abdul Alhazred, un poeta loco del Sanaa al Yemen, que se supone floreció en el período de los califas omeyas hacia el año 700. Visitó las ruinas de Babilonia y los subterráneos secretos de Menfis, y pasó diez años en soledad en el gran desierto del sur de Arabia -el Roba el Khaliyeh [Rub al-Jali], o "Espacio vacío" de los antiguos-, el desierto "Danha" o "Carmesí" de los árabes modernos, que se supone habitado por espíritus malignos y monstruos mortales. Se dicen muchas cosas maravillosas e increíbles de este desierto, transmitidas por quienes dicen haberlo recorrido. En los ùltimos años de su vida, Alhazred permaneció en Damasco, donde escribió el Necronomicon (Al Azif), y muchas cosas terribles y contradictorias se contaron sobre su muerte, acaecida en el año 738 de nuestra era. Ibn Khallikan (biográfo del siglo XII) contó que fue atrapado por un monstruo invisible a plena luz del día y devorado ante la presencia de un gran nùmero de testigos aterrorizados. Alhazred pretendía haber visitado la fabulosa Irem, o Ciudad de los Pilares, y haber encontrado bajo las ruinas de un pueblo desértico sin nombre, los terribles anales secretos de una raza más antigua que la humanidad. Fue un musulmán indiferente, que rendía culto a entidades desconocidas a las que denominaba Yog-Sothoth y Cthulhu.
Hacia el año 950 el Azif, muy frecuentado -aunque en forma clandestina- entre los filósofos de la época, fue traducido en secreto al griego por Teodoro Philetas [o Filetas, segùn otras grafías] de Constantinopla con el título de Necronomicon. Durante un siglo su influencia provocó sucesos horripilantes, hasta que fue prohibido y quemado por el patriarca Miguel. A partir de ese momento, sólo quedan referencias escasas sobre su historia, pero Olaus Wormius (1228) lo tradujo al latín en la Edad Media, y este texto latino fue impreso dos veces: en el siglo XV con letras góticas (obviamente en Alemania) y luego en el siglo XVII (probablemente en España); ambas ediciones carecen de pie de imprenta o señales identificatorias, y han sido datadas sólo por la evidencia tipográfica. La obra, tanto la versión griega como la latina, fue condenada por el Papa Gregorio IX en 1232, poco después de su traducción al latín. El texto original árabe se perdió en la época de Wormius, tal como señala su nota introductoria, y nunca se vio la copia griega -impresa en Italia entre 1500 y 1550- desde que se incendió la biblioteca de un coleccionista particular de Salem en 1692. La traducción inglesa realizada por el Dr. Dee nunca se imprimió, y sobreviven sólo algunos fragmentos recuperados del manuscrito original. De los textos latinos queda uno del siglo XV, que se conserva en el British Museum bajo cerrojo y llave, mientras que otra copia, del siglo XVII, se custodia en la Bibliotheque Nationale en Paris. Hay una edición del siglo XVII en la Widener Library de Harvard y en la Biblioteca de la Miskatonic University en Arkham; y también en la biblioteca de la Universidad de Buenos Aires. Muchas otras copias circulan en secreto, y corre el rumor que una copia del siglo XV forma parte de la colección de un conocido millonario norteamericano. Un rumor más difuso aùn afirma que la familia Pickman de Salem conserva una copia del texto griego del siglo XVI, pero seguro que habrá desaparecido junto al artista R. U. Pickman, que murió en 1926. El libro está estrictamente prohibido por las autoridades de varios países y por todas las ramas eclesiásticas. Su lectura conlleva consecuencias terribles. Se cree que por los rumores que circulan sobre este libro (que pocos del pùblico en general conocen ) R. W. Chambers extrajo la idea de su novela El Rey de Amarillo.

Cronología

730 Al Azif es escrito en Damasco por Abdul Alhazred
950 Traducido al griego como Necronomicon por Teodoro Philetas
1050 Quemado por el Patriarca Miguel (i.e., el texto griego). Se pierde el texto árabe.
1228 Olaus Wormius lo traduce del griego al latín
1232 Edición latina y griega, prohibidas por el Papa Gregorio IX
14... Edición impresa en letras góticas (Alemania)
15... Texto griego impreso en Italia
16... Reimpresión española de la versión latina [probablemente en Toledo, 1647]


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